Uno de los grandes dilemas que enfrentará
el presidente electo Fernando Lugo
Por Consejo Editorial de la Revista Koeyú Latinoamericano
Este mes de agosto, la asunción de Fernando Lugo como presidente de Paraguay
trae aparejado varios hechos y uno, no menor, es que inscribe al país en una
senda democrática tras 61 años de usurpación.
Sin embargo, justo es decir que la oligarquía -esa vieja hetaira que controló
al país durante decenios- no ha sido más que derrotada en la circunstancia
electoral, por lo que el mandatario se verá confrontada por ella y por quienes
fueron prohijados y se beneficiaron a su sombra.
Asimismo, concurrirá al concurso de esa clase y sus grupos conspicuos la ambición
hegemónico-imperial de Washington, presta a la continuidad balkanizadora que las
potencias dominantes de distintas épocas nos han impuesto de distintas formas, sin
eludir la injerencia directa a través de sus instrumentos. De uno de ellos nos
ocuparemos a continuación:la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID).
Gregorio Selser -el gran periodista argentino-, escribió y publicó un libro en el que repasó las acciones injerencistas de Estados Unidos a partir de los inicios del siglo XIX. Selser anota la primera intervención estadounidense, en nuestros territorios en 1831, en Malvinas, dos años antes de que la ocuparan los marinos del imperio inglés.
Sin embargo, los latinoamericanos no olvidamos otros hechos a los que nos remite la historia, donde Estados Unidos fue el agresor. Uno en particular marca dicha relación hasta la fecha: el denominado Tratado de Guadalupe Hidalgo que le fue impuesto a México el 2 de febrero de 1848. Con ese acto ignominioso quedó marcada, por el río Bravo, la frontera con Texas, corolario de la agresión de que fue objeto México con el propósito de despojarlo de cerca de 2 millones 300 mil Km2 de territorio. Las áreas robadas son, actualmente: California, Nuevo México, Arizona, Texas, Nevada, Utah, y parte de Colorado, Wyoming y Oregon. Como "indemnización", Estados Unidos pagó 15 millones de dólares.
La construcción de un ferrocarril y el canal interoceánico en la provincia colombiana de Panamá y la posterior secesión de este país ístmico, se combinaron con diversas ocupaciones territoriales, como las que hubo en Nicaragua en los siglos XIX y XX o la anexión de Puerto Rico.
Sin embargo, las intervenciones de Washington en la Patria Grande no siempre han revestido el carácter de las habidas en Cuba en el contexto de la guerra contra España o las directas y por cuenta de terceros en Guatemala –contra el gobierno de Jacobo Arbenz- o en 1965 en Dominicana, por citar las más evidentes y recordadas.
El paso del tiempo y las circunstancias cambiantes del escenario internacional obligaron a Washington a recurrir a otros instrumentos para consolidar su hegemonía
El cambio de estrategia en América latina
Las corporaciones creadas por la Casa Blanca o que cuentan con su aquiescencia, abarcan desde el Instituto Republicano Internacional (IRI) como el Fondo Nacional para la Democracia (NED) y suman las contribuciones y dirección de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el cuerpo diplomático y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
La injerencia de la USAID en la zona tiene un antecedente a finales de los 70 en Uruguay, adonde con una credencial de la institución llegó Dan Anthony Mitrione (junto con Richard Fernándes, con igual acreditación), para adiestrar torturadores y constituir un escuadrón de la muerte. En eso estaba cuando fue retenido, juzgado y ajusticiado por los Tupamaros.
La "ejemplar" institución está sumida en un escándalo por corrupción en Estados Unidos, lo que obligó a la renuncia de Adolfo Franco, que desempeñaba tareas de dirección. Su reemplazante es José Cárdenas, hijo de colombianos oriundos de la ciudad de Medellín, conocido referente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). Los Angeles Times citan que la auditoria del GAO (General Accountability Office ) sobre las actividades anticubanas de la USAID reportó varias compras "inconvenientes" (incomprensibles) : suéteres de cachemira, chocolates Godiva, juegos de Nintendo y PlayStations de Sony, supuestamente destinados a los informantes de la Sección de Intereses Estadounidenses de La Habana.
Los fondos de USAID contra Cuba, fueron canalizados a la Universidad de Rutgers en Miami, a la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES) y al Consejo Empresarial Estados Unidos-Cuba.
En otra geografía, Venezuela, la USAID abrió su oficina en Caracas el primero de Agosto de 2002, con el previsible fin de "proveer asistencia oportuna y flexible para fortalecer la democracia", objetivo que como es bien sabido se ha traducido, con ayuda del IRI y de la NED, en movimiento para atacar el gobierno legitimo de Hugo Chávez mediante un golpe de Estado o por un referéndum, entregando dinero a organizaciones derechistas, muchas de ellas de cuño empresarial.
El presidente de Bolivia Evo Morales, acusó en reiteradas oportunidades al embajador Philip Goldberg de utilizar a la referida institución para intervenir y desestabilizar a su gobierno.
Los malos precedentes de EEUU en Paraguay
Si nos atenemos al caso paraguayo, hasta donde se ha podido corroborar, la asistencia privada -como antecedente de lo hecho en la postguerra por la USAID- para "el desarrollo de Paraguay" se remonta a junio de 1923, cuando la Fundación Rockefeller firmó un acuerdo de cuatro años con el Departamento de Higiene y Asistencia Pública para realizar una campaña para el control de parásitos intestinales.
La petrolera que da nombre a esa fundación inspiró y sufragó la matanza entre paraguayos y bolivianos (Guerra del Chaco; 1932/1935) que costó cien mil muertos sólo para decidir -según el escritor estadounidense Teodoro Dreiser-, si Deterding (de la Shell) o Rockefeller (de la Standard Oil) se quedaban con los hidrocarburos del Chaco Boreal.
La presencia e influencia estadounidense en tierras paraguayas se extendió a esferas políticas y económicas e incorporó al gobierno del país a la alineación anticomunista y apoyó la cruel represión en el marco interno.
El respaldo a la dictadura militar de Alfredo Stroessner se hizo desde su inicio, facilitándole experimentados torturadores como el coronel Robert K. Thierry, quien armó el aparato represivo del Ministerio del Interior.
La Casa Blanca redobló su apoyo al régimen liberticida decisivamente para sobrellevar las crisis internas, especialmente después de 1956, cuando en Panamá, Stroessner se reunió con Dwight D. Eisenhower, consiguiendo éste la promesa de que Paraguay se convertiría en el portaviones anticomunista de Sudamérica. Hay que comprender que lo que la dictadura concretó en infraestructura –por poco que fuera-, estuvo anclado en la contribución privilegiada a los intereses de Washington en su enfrentamiento con Moscú.
Como ejemplo se puede citar el telegrama cursado a Washington desde su embajada en Asunción, el 16 de mayo de 1956, señalando que Stroessner informaba al embajador Ageton -y a Estados Unidos- sobre los cambios en el gabinete, tiempo antes que se enteraran sus colaboradores y más lejanamente la opinión pública paraguaya.
El pago por esos servicios, las donaciones a los represores, se encubrían bajo la forma de créditos otorgados por instituciones financieras del gobierno estadounidense: la USAID, el Export-Import Bank, el Inter-American Development Bank, el Internacional Monetary Found y el World Bank.
El Paraguay actual
En el tiempo de la postdictadura, controlando el presunto combate al narcotráfico, la prensa local, subsidiaria de la National Endowment for Democracy, la Justicia Electoral y por otra parte a tribunales y Ministerio Público con la excusa de la "anticorrupción", el imperio amplió su influencia más allá de la agricultura y las Fuerzas Armadas. Llegando, incluso, a colocar plazos a las empresas paraguayas para su apertura formal y a la aceptación de maquiladoras.
En estos planos, el asesor económico de la presidencia de Nicanor Duarte Frutos, Carlos Walde declaró que la USAID administró una donación de 34 millones de dólares para combatir la corrupción.
Otro estamento fuertemente identificado con los intereses de Washington en Asunción es el periodístico, con individualizados operadores de los intereses imperiales y receptores de donaciones de la NED, que es quien dota del discurso ideológico a la USAID.
La USAID también desvió dinero destinado para filantropía a financiamientos no gubernamentales, fondos que llegaron a las cuentas del Partido Movimiento "Al Socialismo" (PMAS), mediante su llamada Casa de la Juventud, que en 2004 aceptó una partida de alrededor de 127 mil dólares (aplicable al período 2004-2006), para -según declaración pública- dar "apoyo institucional, educativo y técnico a organizaciones para jóvenes".
El apoyo le fue dado por la Fundación Interamericana (IAF, por sus siglas en inglés) organización de ayuda externa del gobierno de Estados Unidos para América Latina y el Caribe que declara que entre sus principios está "(...) fomentar el establecimiento y crecimiento de instituciones democráticas, privadas y públicas, congruentes con los requisitos de todos los países soberanos de este hemisferio", agregando luego que ésto se ofrece para "fortalecer los principios democráticos".
En este caso, apuntan los beneficiarios, la donación de la IAF fue destinada a apoyar la participación de los jóvenes en audiencias públicas, fortalecer sus destrezas para la búsqueda del consenso y financiar el diseño de campañas públicas de información y el otorgamiento de pequeñas donaciones a jóvenes paraguayos de aproximadamente 10 localidades. " `La Casa´ espera beneficiar -declaraba en 2004- a cerca de 4 mil 200 jóvenes de vecindarios de bajos ingresos".
Para la campaña electoral que llevó a Lugo a la presidencia, el P-MAS se unió a la coalición triunfante, pese a lo cual no alcanzó representación legislativa.
La injerencia encubierta o desembozada de la USAID y otros organismos washingtonianos en las elecciones indican que Estados Unidos no renuncia a ejercer influencia en las decisiones que rozan sus intereses en la nación guaraní. |